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Los Bunkers se reencuentran con México en el Auditorio Nacional

Tal vez haya sido mera superstición, pero para varios fanáticos el que una tormenta provocara el caos sobre el Valle de México, justo la noche en que la banda de rock chilena Los Bunkers se presentaba en el Auditorio Nacional fue algo significativo. Así se lo decían entre ellos mientras se refugiaban del agua en las entradas del Metro o caminando completamente empapados a las afueras del Coloso de Reforma.

Y es que este esta presentación, la primera de dos que tendrán en la CDMX, -las cuales son parte de su gira “Ven aquí”- ha marcado el reencuentro oficial de estos talentosos chilenos con su público mexicano, luego de que la banda se tomó un receso indefinido de casi 10 años.

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Media hora antes del concierto parecía que las butacas del Auditorio no se llenarían, a pesar de haber agotado todas sus entradas. Sin embargo, el recinto desplegó toda plenitud, una vez que, sin palabras de introducción, la banda se precipitó con una de sus canciones emblemas: “Miéntele”, provocando un estallido de gritos, la cual fue seguida de “Te vistes y te vas”, ambas de su disco Vida de perros, y “Yo sembré mis penas de amor en tu jardín”, de su primer álbum, lanzado en 2001.

“Buenas noches México, somos Los Bunkers, de Chile, y estamos de vuelta”, dijo Álvaro López, guitarra y primera voz de la agrupación, para que acto seguido los músicos interpretaran su propia versión del clásico del cubano Silvio Rodríguez “Quién fuera”: “Estoy buscando melodía/ Para tener como llamarte/ ¿Quién fuera ruiseñor?/ ¿Quién fuera Lennon y McCartney,/ Sindo Garay, Violeta, Chico Buarque?/ ¿Quién fuera tu trovador?”, coreaban todos, entre acompasadas y enérgicas palmas.

Luego el mismo Álvaro se animó a decir: “¿Cómo están México? Estamos muy contentos de poder tocar aquí esta noche para ustedes. Tocar en este lugar era un anhelo para todos nosotros, muchas gracias”.

Así la banda interpretó dos de sus temas con sugerentes referencias sociales, una fue “Una nube cuelga sobre mí”, en la que algunos fanáticos sacaron marionetas de los personajes del icónico programa infantil “31 minutos”, cuyos personajes aparecen en el video de la canción, que la banda grabó años atrás; y la otra “Deudas”, que en gran medida engloba el sentir de muchas generaciones de latinoamericanos, tanto en sus emociones como en sus bolsillos.

Y, si bien Los Bunkers con este repertorio, como dijo el multiinstrumentista Francisco Durán, les estaba permitiendo dar saltos por las canciones de todas sus etapas, el concierto fue la oportunidad para tocar sus recientes lanzamientos: “Bajo los árboles” y “Rey”, este último, todo un canto a la libertad: “Cualquier hombre puede ser una mujer/ si tiene el valor para cambiar de piel;/ aprender de nuevo a amar, sin mirar a nadie más;/ incendiarse en busca de felicidad”.

Pero si algo que hay que destacar de este concierto es la versatilidad y talento con que estos músicos son capaces de transgredir y corromper sus propias canciones, consideradas himnos, para ofrecer versiones de gran calidad y riesgo. Así pasó cuando interpretaron temas como “Bailando solo”, en la que Álvaro sacó brillo a sus pasos, mientras Mauricio Durán extendía las cuerdas de su guitarra en un solo, al más puro disco, bajó una enorme bola de espejos; o, sobre todo, cuando tocaron “Ahora que no estás”, cuya reinvención se extendió, bajo la batuta de Francisco Durán, por casi 12 minutos, en una soberbia mezcla de improvisación y psicodelia oscura: “Ahora que no estás y no puedo dormir/ y tomo más pastillas para sobrevivir…”.

También hubo un momento andino, en el que el hielo seco parecía ser la niebla de la cordillera chilena. En él los músicos cambiaron los instrumentos eléctricos por acústicos, el bombo legüero en las manos del baterista Mauricio Basualto y el ronroco boliviano que tocaba Francisco Durán, sirvieron para rendir homenaje a su tierra, con “Calles de Talcahuano” y a la gran Violeta Parra, de quien interpretaron “La exiliada del sur”.

La lista fue muy nutrida, fue un recorrido por la discografía de Los Bunkers: “Ángel para un final”, “Cura de espanto”, “Y volveré”, un cover de Los Ángeles Negros, “Nada nuevo bajo el sol”. El cierre no pudo ser mejor, tras escuchar “Ven aquí”, “Canción para mañana”, “El necio” y “Llueve sobre la ciudad”, que fue coreada con gran fuerza por todo el Auditorio. Una gran noche chilena, chilanga, chilenga.



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