Espectáculos

Raúl Criollo y Jorge Caballero: El estante de lo insólito

Fernando de Fuentes y Juan Bustillo Oro, dos realizadores fundamentales de nuestro cine, construyeron dos largometrajes de gran calidad, con una definición plástica y narrativa que marcó un capítulo cinematográfico muy particular en la naciente industria nacional. Con inspiración en el expresionismo alemán, la corriente artística que influyó en la plástica, el teatro, la danza, el cine y la música con la misma fuerza, y que tuvo la admiración de este par de creadores, quienes, como todos en su tiempo, se habían impactado con el arte expresionista, en especial los clásicos silentes del cine El gabinete del Dr. Caligari (Robert Wiene, 1920), Nosferatu (FW Murnau, 1922) y Metrópolis (Fritz Lang, 1927). Eran principios de los años 30, y el horizonte de la creación fílmica en México aspiraba a lo grande. Las cintas en cuestión son El fantasma del convento (1933) y Dos monjes (1934), señaladas como parte de otra mirada, la otra estética del cine mexicano. Apenas dos años antes se había hecho la primera producción sonora del país ( Santa, Antonio Moreno, 1931) con un (precisamente) sonoro éxito.

DERECHOS DE AUTOR
Este contenido pertenece a su autor original y fue recopilado de la página:
https://www.jornada.com.mx/2023/06/02/opinion/a12o1esp?partner=rss